El bicarbonato aplicado en las hojas sube el pH de su superficie, un ambiente incómodo para los hongos como el oídio. No los mata, pero frena su avance.
Se prepara diluyendo unos 5 g (una cucharadita) por litro de agua con unas gotas de jabón potásico como mojante.
Evita el mediodía y las hojas al sol directo, puede quemarlas.

