Ocurre en lechuga, espinaca, rúcula, col, apio y otras: en respuesta al calor, al día largo o al estrés, dejan de hacer hoja y emiten un tallo alto con flor.
Cuando se espigan, las hojas se vuelven amargas y duras: es señal de que la cosecha ha llegado a su fin. Se puede aprovechar dejando semilla para el año siguiente.
Riega bien y aporta sombra en horas de calor para retrasar el espigado.

