En un injerto se saca una yema o una púa de la variedad que interesa (la copa, con la fruta que quieres) y se une al «patrón» o portainjerto, una planta con raíces resistentes o adaptadas al terreno.
En frutales permite adelantar la cosecha y controlar el vigor; en hortalizas (tomate, sandía) se usa contra enfermedades del suelo y para dar más producción.

